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Se festeja algo que debería ser normal como un hecho extraordinario
Celebran como “acontecimiento inolvidable” que sus hijos inicien las clases sin estar alcoholizados




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Martes 13 de marzo de 2018


                                                         Por HUGO MÖLLER
                                              (Redacción)

Tras la culminación de la temporada veraniega y el fin de las vacaciones, cada año se produce el inicio de clases.

En el nivel secundario, con jóvenes expectantes, unos por iniciar un ciclo, otros por continuarlo y los más grandes por cursar el último año.

Un acto protocolar, la bienvenida de los directivos y a estudiar… Esto ha sido así durante años.

Pero últimamente, en el marco de una tendencia festiva acompañada de consumo de alcohol, fue ganando terreno una modalidad que fue imponiéndose como costumbre entre los jóvenes a punto de iniciar el último año del colegio secundario. Es el denominado “último primer día”, que hasta sigla tiene: UPD.

Se trata de festejar desaforadamente la jornada previa al inicio de clases, bebiendo litros de alcohol y llegar a la escuela sin dormir. Si es que su estado se los permite.

Este consumo desmedido de bebidas alcohólicas, que en muchos casos cuenta con la anuencia de progenitores, ha llevado a que surgiera desde el Círculo Médico de Necochea la conformación de un grupo de profesionales, decidido a generar una campaña para crear conciencia acerca de los múltiples daños que genera en el cuerpo humano la ingesta excesiva.

En ese contexto, surgió la idea de promover “Un UPD sin alcohol”, para lo cual se brindaron charlas con padres y alumnos. Loable iniciativa la de los médicos, asumiendo un rol que muchos padres parecen no querer hacer: el de poner límites a los jóvenes, marcarles el camino y brindarle propuestas  de vida sana. Parecen más preocupados en querer ser “compinches” de sus hijos en la diversión que en confrontar con ellos para guiarlos en la vida en su etapa adolescente.

En efecto, finalmente se pudo concretar “Un UPD sin alcohol”: los jóvenes festejaron como un hecho extraordinario esta circunstancia de estar ante la jornada previa a comenzar a cursar el último año de la secundaria. Y lo hicieron sin consumir bebidas alcohólicas.

Y considerando como algo trascendente que comiencen su último año del ciclo,  llegaron al colegio e hicieron su ingreso en forma festiva, a todo ruido, ante la mirada compasiva de los adultos. Luego de haber festejado en la vía pública.

Sin dudas, es un logro que se haya persuadido a los jóvenes para que, al menos, lleguen sobrios a la escuela para comenzar las clases, sin haber consumido alcohol.

Pero tampoco es algo que debería ser motivo de festejo. Tendría que ser la norma, no la excepción.

Planes de estudio y objetivos académicos del año, que se plantean al iniciarse un ciclo lectivo, son cuestiones que parecieran quedar relegadas en esta nueva era en la que tanto se habla de derechos, pero poco se lo hace de obligaciones.  La cuestión es festejar.








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