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La muerte de Taraborelli conmocionó a Necochea y sacudió al peronismo
Se cumplen 30 años del deceso del primer intendente de la democracia iniciada en 1983




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Lunes 13 de agosto de 2018

                                                   Por HUGO MÖLLER
                                                   (Redacción)

Corrían las primeras horas de una tarde con lloviznas.  Era el sábado 13 de agosto de 1988. Alberto Aguinagalde atendió el teléfono de la redacción de “Ecos Diarios”. El “Vasco” abrió grandes sus ojos y mirando a los periodistas dio la noticia:  “Hubo un accidente grave, lo sufrió alguien de la Municipalidad”.  Intuimos de qué se trataba.  Pero no lo dijimos.  Miguel Correa tomó su libreta y Juan Carlos Dray su cámara fotográfica. Salieron disparados hacia la Ruta 88. Poco más tarde regresaban consternados: se había matado “Coco” Taraborelli.

Junto con el intendente de Necochea  habían muerto tres docentes que, luego se supo, habían subido a su automóvil pocos kilómetros antes, donde se hallaban haciendo dedo.  La colisión frontal resultó letal: sólo sobrevivió el chofer del  camión.

Mientras Correa hacía la crónica del accidente y  Dray revelaba los fotos,  el secretario de redacción Alberto Condenanza  daba instrucciones respecto de las notas a escribir  y las coberturas que debían realizarse. Mientras tanto el director, Guillermo Ignacio, dejaba su rol empresario y retornaba a sus fuentes periodísticas. Su máquina de escribir no tuvo respiro hasta que terminó su nota editorial.  Que escribió con oficio y corazón:  conocía muy bien a Domingo José Taraborelli y la relación entre ellos había tenido tensiones, como  siempre las hay entre el periodismo profesional y el poder.  Juan Carlos Comperatore ilustró gráficamente aquel momento: dibujó el sillón vacío en el despacho  del intendente.

El hall del Palacio Comunal fue el lugar donde velaron sus restos y ante el cual desfiló todo el arco político de aquel momento, incluyendo a la camada de jóvenes que habían dado sus primeros pasos en el peronismo,  bajo el liderazgo de “Coco” Taraborelli como conductor. Y el vicegobernador Luis Macaya, que acompañó sus restos hasta la despedida final.

Antes de ser inhumados sus restos en el cementerio municipal, el féretro fue transportado hacia la Parroquia de los Padres Capuchinos, donde ofició una misa el padre Raimundo Ferster, de indisimulada ideología peronista.  De allí el cortejo fúnebre partió hacia el cementerio: en gran parte del trayecto había vecinos saludando. Fue conmovedor.  Treinta años después aquellas imágenes se me hacen imborrables. Aunque con los años la profesión me llevaría a cubrir otras despedidas conmocionantes, como las de Gastón Guarracino y el intendente loberense Hugo Rodríguez, otros dos dirigentes políticos muertos trágicamente. Y el masivo adiós a Gerónimo Venegas, más recientemente. 

Taraborelli fue el primer intendente de Necochea surgido del voto popular tras la negra noche de la dictadura militar. Cuando el huracán alfonsinista arrasó en todo el país en 1983, condujo al peronismo al triunfo en Necochea, ganándole al  veterano radical Omar Di Nápoli y al intransigente Edgardo Hugo Yelpo. Y se consolidó siendo reelecto en 1987. Transitaba su segundo mandato cuando  en la ruta encontró la muerte, que derivó en una crisis en el justicialismo lugareño, ya que su sucesor, Alfredo Horacio Vidal, sería destituido con el aval de peronistas y radicales en el Concejo Deliberante. Lo sucedería Julio Magnaterra para completar aquel mandato. Luego José Antonio Aloisi y Julio Municoy (dos mandatos) continuarían gobernando el distrito para sumar 20 años de peronismo en la comuna (incluyendo las breves gestiones de Ramón del Carmen Ortíz y Abel Laghezza en un interregno). Hasta que el radical Daniel Molina triunfara en 2003.

Taraborelli había nacido en Tres Arroyos el 30 de diciembre de 1942. Antes que cumpliera un año su familia se trasladó a Necochea.  Estudió Derecho y fue fundador de la Asociación de Abogados de Necochea.  Fue asesor letrado de sindicatos e integró la comisión de redactores del anteproyecto de Ley de Contrato de Trabajo en 1973. También asesoró al Ministerio de Trabajo en Necochea.

Durante su gestión, en la que hubo que recomponer las instituciones tras siete años de gobiernos de facto, le dio un fuerte impulso a la participación ciudadana, promoviendo la creación de asociaciones vecinales. También promovió la actividad cultural en los barrios “Luego de la amarga experiencia vivida en estos últimos largos siete años de autoritarismo, se impone, más que nunca, compartir los ámbitos de coincidencias”, dijo al asumir como intendente.

Hugo Arroyo, que compartió militancia política con Taraborelli,  lo definió como un hombre de “carácter fuerte, de accionar moderado, promotor del diálogo y respetuoso del disenso”, cualidades que,  a su juicio, lo hicieron “referente de todos los necochenses”. Arroyo afirmó que “para los peronistas dejó un espejo, para la comunidad dejó un sentimiento por el compromiso con el sistema democrático y el recuerdo de su conducta ejemplar”.

Hoy llevan el nombre de Domingo José Taraborelli el salón de actos de la Municipalidad de Necochea, el Hospital Neuropsiquiátrico, el Centro Cultural Municipal y el puente que une ambas márgenes del Río Quequén a la altura del paraje “Los Manantiales”.






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