Severas secuelas padece Marisa Astudillo por el ataque sufrido

Un disparo le afectó la médula, tiene dificultades para caminar y podría quedarse sin voz

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Lunes 25 de febrero de 2019

La vida de Marisa Astudillo nunca más será igual después de aquella violenta jornada del 21 de abril de 2017. Huyó del ataque de su ex esposo Rubén Ortega. Pero quedó atrapada entre las rejas de la casa y recibió tres disparos. No terminaron con su vida. Pero la cambiaron para siempre.

El testimonio del médico de policía Fabio Gabriele, brindado este lunes en el Tribunal Oral, fue preciso y contundente.

Uno de los disparos dañó parcialmente la médula espinal. A consecuencia de ello, la mujer perdió sensibilidad digestiva y urinaria. No tiene el reflejo y, por  lo tanto, orina y evacúa mecánicamente. Se controla para hacerlo, pero no siente la necesidad.
También padece insuficiencias en ambas piernas, de modo que tiene trastornos de movilidad.  Y siente un dolor acentuado en la zona en la que ingresó uno  de los proyectiles. También tiene rigidez en el húmero, lo que los médicos llaman “el hombro congelado”, sin movilidad.

En todos los casos, precisó Gabriele, son “lesiones permanentes” que “no tienen reparación”.
También tiene problemas respiratorios, debido al daño producido en sus pulmones. “Le cuesta respirar y se agita al hablar”, indicó el profesional.

Finalmente, Gabriele aclaró que toda la rehabilitación muscular que necesita Marisa Astudillo tiene por objetivo “que no siga perdiendo capacidad” de movilizarse, pero “no para mejorar” su actual situación.

Con su cabello intensamente negro, apoyada en muletas, vistiendo una campera de jean sobre una remera blanca estampada, jeans azules y zapatos de color rosa viejo, Marisa Astudillo ingresó despaciosamente a la sala del Tribunal Oral para volver a declarar este lunes.

Antes de ello efectivos del Servicio Penitenciario retiraron del lugar a Rubén Ortega.

Consultada sobre las secuelas que le dejó el brutal ataque a tiros, dirigiéndose con voz muy suave ante el tribunal, la mujer afirmó, resignada. “No tengo la vida de antes. Todo me cuesta mucho trabajo. Todo lo hago lento y me agito mucho”.

Astudillo dijo haber perdido sensibilidad en los pies, acotando que “por reloj” decide el momento en que se dirige al baño, por no tener reflejos respecto de la necesidad de hacerlo.

También dijo que en ocasiones en sus músculos se producen movimientos que no puede controlar. “Tengo espasmos desde las piernas hasta la panza”, detalló.

“No puedo subir de peso”, reveló, para añadir que son pocas las cosas que puede hacer por sí misma, sin necesidad de ayuda de terceros. “No puedo cocinar, porque no tengo equilibrio, ni fuerza, estoy limitada en muchas cosas”, agregó.

Tras indicar que se le dificulta ascender y descender de un vehículo, cuando se le preguntó si podía conducir, Astudillo anticipó la posibilidad de perder la voz, debido a una cirugía de tráquea a la que debe someterse y que decidió postergar para poder declarar en este juicio.  “Voy a tener la voz más baja y soplada, con aire”, precisó.

Consultada sobre su subsistencia, manifestó que vive de la ayudad que le brinda su hija, que trabaja en una heladería y con la que vive actualmente.



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