Europa atraviesa desde hace una semana una ola de falsas amenazas de bomba contra aviones y medios de comunicación, sumada a ciberataques a infraestructuras civiles, que tiene en alerta a gobiernos y servicios de inteligencia. Hasta ahora no hubo explosivos reales ni víctimas.

Entre las amenazas a vuelos, el viernes 6 de noviembre se vieron afectados al menos 18 aviones, una fracción mínima (0,0674%) de los 26.709 vuelos programados ese día en el continente, de acuerdo con Eurocontrol. Todos aterrizaron sin problemas y las revisiones no hallaron artefactos. Sky News y otros medios de Bulgaria, Irlanda y el Reino Unido recibieron además correos con avisos de bomba, en los que un grupo anónimo advierte que “esto es solo el principio”.

En paralelo, los sistemas de refrigeración de supermercados fueron blanco de ciberataques en al menos siete países europeos, con equipos de frío afectados. Dos grupos de hackers prorrusos reivindicaron esos ataques, según trascendió en medios especializados.

Nadie acusó oficialmente a Moscú. Los investigadores afirman que no hay evidencia de que detrás haya un Estado hostil, como Rusia o Irán, aunque las pesquisas siguen, y el Kremlin rechazó las sospechas. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, reconoció que no está claro si todos los hechos están conectados, pero señaló que “hoy son las infraestructuras civiles las que están siendo blanco”.

Entre las hipótesis figura una campaña de guerra híbrida ligada al apoyo europeo a Ucrania, pensada para generar temor y poner a prueba la respuesta de las defensas aéreas y de los servicios de emergencia. Irlanda, que preside la Unión Europea, recibe el jueves y el viernes a unos 50 líderes en Dublín, y expertos en seguridad se reunirán la semana próxima en Bruselas para definir una respuesta común.