Los adultos que caminaban más rápido, o con una cadencia de pasos más alta, tuvieron menos riesgo de morir durante el seguimiento, según un estudio publicado en JAMA Network Open.

La investigación analizó a 4.067 personas del estudio Whitehall II, un seguimiento de salud de funcionarios públicos del Reino Unido. La edad promedio era de 69 años y tres de cada cuatro participantes eran hombres. Se los siguió, en promedio, durante 11,8 años.

Los investigadores midieron la velocidad al caminar con una prueba clínica corta, de 2,44 metros, y la cadencia, es decir, los pasos por minuto, con un acelerómetro de muñeca que los participantes usaron durante nueve días en su vida diaria.

Por cada desvío estándar más de velocidad en la prueba clínica, el riesgo de muerte por cualquier causa fue 23% menor. Con la cadencia mediana la reducción fue de 17% y con la cadencia en el percentil 95, de 18%. Los resultados se ajustaron por factores sociodemográficos, de conducta y de salud.

Según el estudio, la velocidad medida en la clínica y la cadencia de la vida diaria tuvieron una capacidad similar para distinguir quién tenía más riesgo de morir. Los autores concluyen que ambas medidas pueden usarse en estudios de población.

Por su diseño, el estudio encuentra una asociación y no demuestra que aumentar el ritmo al caminar evite por sí solo las muertes: una persona que camina rápido puede tener también una mejor condición física general.

Esta información es general y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud, en especial si hay enfermedades, dolor persistente o limitaciones de movilidad.